martes, 23 de octubre de 2012

A ÉL TODA LA GLORIA – DEVOCIONALES

” ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31)
Hay un sentimiento arraigado dentro de cada ser humano, capaz de inducirlo y dominarlo de tal forma, que pocos consiguen escapar de su mundo insaciable. Puede existir en muchas formas y diferentes intensidades, desde la más visible hasta la más imperceptible, pero su nombre no cambia, es siempre “vanidad”.
La iglesia de Cristo ha sido el escenario de innumerables manifestaciones de la vanidad humana. Incluso pequeños gestos o palabras pueden revelar que en el fondo se encuentran escondidos fragmentos de sus características. La mayoría de las veces, cuando elevamos a Dios nuestras oraciones, estas contienen deseos que giran en la búsqueda de “querer mas, siempre mas”, esto hace que afloren a la superficie los sentimientos “secretos” no confesados que están en el corazón de los cristianos. Por eso se vuele tan difícil para los hombres analizarse a sí mismos, pues sus conceptos y su buena conducta en la iglesia chocan con su verdadera personalidad, haciéndoles huir de su “yo” en vez de afrontarlo.
¿Qué es la humildad?
  • Sentimiento proveniente del reconocimiento de la propia flaqueza.
  • Sumisión.
  • Modestia.
  • Inferioridad.
  • Es permitir que toda la honra y gloria sean dirigidas a Dios.
  • Reconocer que somos instrumentos usados para el cumplimiento de su voluntad.
¿Cómo demostramos la humildad?
  • Tratando de buscar y ver lo mejor del prójimo; sirviéndonos los unos a los otros como lo hizo Jesús. (Romanos 12:10 y Filipenses 2:3-4)
  • No siendo prepotentes, ni engrandeciéndonos a nosotros mismos.
  • Usando nuestra capacidad sin despreciar las capacidades de los hermanos. (Lucas 17:10 y Romanos 12:3-7).
  • La llave de nuestra obediencia es nuestra voluntaria humildad, y no la humillación forzada por una circunstancia. (Santiago 4:10).
La soberbia corroe la integridad.
El Salmo 19:12-13 nos hace prestar atención a cuando el salmista afirma: “Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión.” (RV95)
La soberbia nos impide ver nuestras propias faltas, y es un sentimiento tan fuerte que aún cuando estamos totalmente equivocados ella nos hace capaces de retorcer los hechos que nos condenan cambiándolos de tal forma que nos justifiquen, aunque para eso tengamos que comprometer a otras personas (inclusive a inocentes). Por tanto podemos afirmar que la integridad es una obvia enemiga de la soberbia.
Tenemos que comenzar a llamar a nuestros errores, pecados; pues el error es siempre la consecuencia de una acción descuidada o desobediente, pero solo admitimos esto cuando ocurre en la vida de otros.
Estamos siempre tratando de justificar nuestro orgullo, y este no nos permite decir que erramos o fallamos, es justo en ese momento cuando necesitamos poner en práctica todo lo que hemos aprendido sobre la integridad. ¿Cómo podríamos andar en integridad, es decir: admitiendo nuestros errores y reconociendo nuestros fallos; si el orgullo dominase nuestro corazón?
La motivación real de una persona que alimenta la soberbia y a su propio yo: “soy esto” “puedo aquello”, “gracias a mi”… “soy ungido de Dios”, “cuando yo dirijo la alabanza el cielo está en la tierra”, “soy yo, yo, yo.. e yo soy mi verdadera motivación”.
Amigo, ¡tenga en el corazón el deseo sincero de agradar a Dios más que a los hombres o a sí mismo! (Gálatas 1:10). El día que tomaste la decisión de dejarlo entrar en su vida fue para que Él viviese y tu ego fuera crucificado. (Romanos 8:10).
En Hechos 13:22 está escrito que David fue “un hombre conforme al corazón de Dios”, aún cometiendo faltas gravísimas, como matar, Dios sabía que David tenía un corazón sincero y que su arrepentimiento era verdadero. ¡No procures el aplauso de los hombres! ¡Busca alcanzar gracia a los ojos del Padre!
Características existentes en Lucifer.
  • Es un espíritu inteligente, hábil y calculador.
  • Lleno de talentos y creatividad.
  • Soberbio, busca alcanzar mayor gloria que la de Dios.
  • Oportunista.
  • Engaña a las personas para que le adoren.
  • Egocéntrico.
  • Su objetivo es únicamente “robar, matar y destruir”.
¿Como vencer la soberbia?
Santiago dice: “Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.» (NVI Santiago 4:6)
  • Su ego debe ser controlado y santificado por Dios.
  • Necesitas creer en lo que puedes hacer a través de Cristo.
  • Saber que todo cuanto haces no es mérito tuyo, sino de Dios que te capacita para hacerlo.
  • Confía en el propósito de Dios trazó para tu vida.
  • Las experiencias son para que tu fe sea perfeccionada.
  • Dios no te da nada para que te pierdas. Él quiere que aprendas a poseer sin ser poseído.
“En el crisol se prueba la plata; en el horno se prueba el oro; ante las alabanzas, el hombre.” (Pr. 27:21)

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